La buena disposición

Esta técnica está inspirada en la tradición taoísta y si se realiza con perseverancia nos ayuda a despertar y amplificar en nuestro ser el estado de buena disposición, relajación, confiriéndonos un aumento de la confianza en nosotros mismos.

Después de algunas semanas de práctica podremos realizar esta técnica, que de hecho es un ejercicio de visualización, en cualquier momento del día, por ejemplo cuando estamos en el autobús, o cuando esperamos en la cola de una tienda.

La técnica es muy sencilla: sentados en el suelo o en una silla con la espalda recta, en una posición de meditación (es muy importante mantener la espalda recta). Fijamos el cronometro entre 15-20 minutos, cerramos los ojos y relajamos lo más profundamente posible nuestro ser a nivel físico, psíquico y mental.
Nos imaginamos que “escaneamos” el cuerpo entero relajando las zonas contraídas allí donde sentimos bloqueos, dolores físicos, donde las energías no circulan bien. Cuando estéis plenamente relajados intentad despertar y amplificar en vosotros un estado de felicidad y de estar contento. Se puede visualizar detrás de los párpados cerrados un foco generador de este estado benéfico, de una sonrisa interior. Si el sentimiento no aparece espontáneamente, podemos recordar   una experiencia de la vida, un momento cuando la felicidad y la alegría brotaron naturalmente en nosotros.
Dejad ahora que la sonrisa se derrame desde esta zona foco por el cuerpo entero, como una cascada. Visualizad como el chorro de energía inunda la cabeza, la columna vertebral, los brazos, la región del corazón, los pulmones, la zona abdominal superior e inferior, la zona genital y baja a lo largo de las piernas hasta la punta de los dedos.Podéis visualizar lentamente el correr de la energía desde la zona foco hasta la zona de las plantas o se puede reanudar el proceso de esta visualización más veces y un poco más rápido. Este ejercicio puede constituir una preparación para las meditaciones que queréis hacer, porque crea un estado de interiorización y de abstracción de los sentidos desde la realidad exterior. Al final unimos las palmas al nivel del pecho agradeciendo al Universo Divino Perfecto. Está bien mantener viva la sonrisa interior a lo largo del día observando cómo se transforman todos los contextos que antes nos estresaban, en algo fácil de aceptar, de entender y de superar sin ningún esfuerzo. El secreto es ser nosotros mismos focos de emanación del bien que nace desde la sonrisa interior permanentemente y con atención mantenida. Mucho éxito

La práctica hace al maestro.